Hoy leía  una entrada de Antonio Enciso en la que alude a que UPyD es la derecha del siglo XXI,  pero tras una lectura meditada (creo que más que su misma entrada, que adolecía de demasiados estereotipos), y lejos de sentirme halagado por esa especie de invitación a que UPyD sea el próximo partido mayoritario alternativo al PSOE, solo coincidí con el en la afirmación de que el PP es la derecha del siglo XX (si me apuras más antigua) pero me temo que en la asociación de UPyD a la “derecha” estaba aplicando mensajes interesados y algún dato no contrastado.

En primer lugar, UPyD no es un partido de derechas, ni siquiera de izquierdas, pues escapa a ese etiquetado que, entiendo, a algunos les es necesario para posicionarse en la vida. Ni siquiera hoy ser socialdemócrata (como se define Antonio) es algo medible, no digamos los partidos que así se identifican, que más lo hacen como un mantra de cara a sus posibles electores que por convencimiento propio, y mucho menos por acciones. ¿O como me definirías hoy la política económica del PSOE?, casi la única política capaz de existir, me temo que no tiene nada que ver con la socialdemocracia.

Luego, aludía a una supuesta “mayor transferencia de votos del sector liberal-moderado el PP a UPyD” que en realidad no es cierta. Me consta que existe ese “mensaje” pero no está soportado por las cifras. De hecho es  un mensaje enviado por el PSOE tras las pasadas elecciones europeas, pero no es cierto. La realidad es que la mayor transferencia de votos (si así se le puede llamar, pues yo creo que es voto que, simplemente, no es cautivo ni regalado, sino meditado) fue de ciudadanos que habitualmente votaban al PSOE, al no verse identificados con la derecha ni con el socialismo caduco que promulgan los dirigentes de este partido.

Es difícil definir a UPyD bajo criterios politólogos ya caducos, pues entran conceptos que a muchos se les antojan contradictorios cuando en sí mismos no lo son, y es que UPyD es un partido que defiende la laicidad del estado … aún manteniendo un escrupuloso respeto de la libertad religiosa personal; la democracia social transparante, participativa y representativa … frente al bipartidismo monopolítico, el nacionalismo excluyente y la tecnocracia; aboga por una gestión económica eficaz que administre los recursos públicos sin ideologías … frente a posturas cerradas que no representan los intereses de los ciudadanos; que propugna un federalismo que refuerce el papel del estado como gestor de la solidaridad entre las distintas regiones al tiempo que sea capaz de garantizar la libertad de elección y las competencias básicas del estado del bienestar (como la educación) sin privilegios de unos ciudadanos sobre otros, etc, etc (está todo en nuestros estatutos).

La política del siglo XXI, y sus partidos, ya no deben abordar la administración del estado como una lucha de conflictos de clase, máxime cuando los mismos políticos se han convertido en una “clase”, para más inri alejada de los ciudadanos y considerada por estos como uno de los problemas de la sociedad, sino como servidores y gestores públicos, facilitadores de la investigación y la innovación, garantes de los derechos de los ciudadanos y administradores eficaces de las arcas públicas, abandonando el falso debate izquierdas-derechas que solo sirve para anclar posicionamientos electorales sin querer constatar la muerte del bipartidismo como sistema eficaz.

De hecho, UPyD lo formamos una amalgama muy curiosa de personas que  han militado en diversos partidos anteriormente, más una gran cantidad de ciudadanos que nunca militamos en partido alguno, al no sentirnos representados, como es mi caso. Y, si, entiendo que sea difícil etiquetarnos, pero no tienes más que leer nuestro manifiesto fundacional para entender el porqué de la dificultad de esa asociación identitaria.

Estoy convencido que el siglo XXI requiere de partidos políticos diferentes, alejados de ideologías fraguadas en el siglo XIX (en el mejor de los casos) que ya poco tienen que ver con las necesidades de los ciudadanos de este siglo, y ese cambio pasa por redefinir las etiquetas, incluso las emociones ideológicas históricas, pasa por hacer política para garantizar un futuro a nuestros hijos y no en solidaridad con nuestros abuelos.

Artículo escrito por Fernando Tellado

Enredado en UPyD, creador de Semanticae y culpable de Ayuda WordPress, político, docente y bloguero, entre otras cosas.

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