Cada vez hay más conferencias, cursos, anuncios, gente que se anuncia en su perfil de Twitter, Facebook o LinkedIn como community manager. Pero ¿qué es un community manager? ¿a qué se dedican estos profesionales de nuevo cuño envidiados por muchos?.

Hace no mucho, en un curso, me decía un chaval de 12 años que de mayor quería ser community manager porque era un “curre guay, te pagan por estar todo el día en Tuenti y Facebook, con iPhone, iPad y toda la pesca“, ahí es nada la declaración.

Pero ¿es esto cierto?, vamos a ver la glamurosa vida de un community manager, cómo se desarrolla un día normal del gestor de perfiles sociales …

  • 7:00 – Primer café y, antes de hacer “las cositas del cuerpo” repaso al email, por si hay nuevas instrucciones o campañas, y revisión de la agenda, para comprobar si hay alguna acción que se inicie en el día.
  • 8:00 – Corriendo para la oficina, repasando de nuevo emails desde el smartphone por si hay alguna instrucción de última hora del “social media strategist” que se ha levantado con mal pié.
  • 9:00 – Llegas a la oficina, otro café para asentar las tuberías del cuerpo, mientras se pone en marcha el ordenador. Primer repaso a las alertas, herramientas de seguimiento social y RSS (menéame por si acaso) para identificar menciones a “la marca”, positivas y negativas. Marcas con estrella (Google Reader) o envías a Read it Later las menciones a gestionar.
  • 10:00 – Abres Hootsuite para revisar menciones y mensajes directos a la cuenta de la marca. Empiezas la “conversación”, que no se parece nada a la que tendrías con tus amigos, pues ya te has puesto “el traje” de la marca y estás ocupando el papel de primera línea de portavocía. Abres la página de Facebook del cliente y empiezas a repasar comentarios para “moderar” barbaridades.
  • 10:30 – Lanzas los primeros “leads” de campaña en los perfiles sociales del cliente, haces el viaje social por Twitter, Facebook, LinkedIn, Pinterest, Tuenti. Tomas nota de cada acción en la agenda (por supuesto, usas Asana para gestionarlo todo “en la nube”).
  • 11:00 – Subes contenido multimedia de campaña a las cuentas Flickr y YouTube del cliente. Como la cosa va para largo aprovechas y sales a la calle a echar un cigarrito y tomar algo sólido para aguantar la mañana. Es pronto y ya te pican un poco los ojos.
  • 11:30 – De nuevo ante tu flamante ordenador de 5ª generación (de antiguo que es, mucho peor que el tuyo, y además es un PC con Windows para terminar de joder la marrana) revisas y anotas el impacto (RTs, Shares, Pins) de los leads que has lanzado.
  • 12:00 – Publicas en el blog de campaña las últimas noticias, cagándote en la madre que parió al “social media strategist por haber elegido Blogspot en vez de WordPress. Analizas las estadísticas de tráfico del blog en Google Analytics y ves que las visitas no suben ni de coña, mucho enlace desde Twitter pero las visualizaciones y tiempo de permanencia en la página son inexistentes, “es lo que tienen los medios sociales” te dices, “mucho tráfico y poca conversión“. Revisas las estadísticas de Facebook, Bit.ly, Flickr y YouTube y tanto de lo mismo. Esperas que te paguen por trabajo, y no por resultados, a fin de cuentas los resultados es cosa del “estratega”.
  • 13:00 – Revisas de nuevo alertas, rss, social mention, Ice Rocket, “pins” y demás parafernalia de análisis de impacto de marca, apuntas la evolución para el reporte al cliente de cada día/semana/mes. Te pones con las menciones de Twitter y comentarios de Facebook y el blog, moderas a unos cuantos trolls pesados y suspiras eso que oíste a @fernandot de “be water my friend” antes de, en abierto, cagarte en los muertos de algún friki pesado sin nada que hacer y mucho tiempo libre para dedicarlo a meterse con los perfiles sociales corporativos.
  • 14:00 – A comer, por fin. Te apretas un menú en un bar cercano a la oficina, mientras repasas tu Twitter personal para descubrir que tus amigos te ganan en followers y encima se lo pasan de coña tuiteando mientras tu curras. Café, cigarrito y vuelta al curre.
  • 15:30 – Café reparador y vuelta al PC para descubrir que mientras comías algún capullo ha aprovechado el tiempo spameando el muro de Facebook y Tuenti de tu cliente. “Jartón” de borrado de mensajes para empezar la tarde, y encima no le puedes partir la cara al susodicho, porque no sabes quien es … aunque lo imaginas.
  • 16:00 – Búsqueda de perfiles sociales de prescriptores para seguir a aquellos que interesen a la marca, y poder interactuar con ellos. Repaso de campañas de la competencia para darte cuenta de que tienen más seguidores que tu, te entran sudores fríos pensando en la bulla que te va a echar el “estratega” de las narices.
  • 17:00 – Nuevo repaso de alertas, RSS, perfiles, analíticas y “la madre que los parió a todos” para comprobar que nada o poco se ha movido la cosa. Lo apuntas que para eso te pagan, mientras te preguntas eso de “¿qué coño hago para que la gente interactúe más con la marca?”, aunque ya sabes la respuesta: las personas raramente interactúan con las marcas salvo que no regales nada (lo apuntas para recomendar hacer regalos de promoción de la campaña).
  • 18:00 – Ya no ves nada, el timeline de Hootsuite te mantiene hipnotizado mirando la pantalla, como si estuvieras viendo como se defragmenta un disco duro. Los “tirruit” de aviso del programa te despiertan de vez en cuando para que contestes una mención o – raramente – mensaje directo (casi siempre del “estratega” de los cojones).
  • 19:00 – Preparas el reporte del día, con los nuevos seguidores, fans y todas esas mediciones. Haces la lista de sugerencia de acciones para el “estratega” y cierras el “puto PC“.
  • 19:30 – De camino a casa te entra un email del “estratega” (ese ser odioso) con los leads del día siguiente, y una lista de cosas “que podrías haber hecho mejor hoy“. Querrías repasar tu Twitter y Tuenti pero malditas las ganas, te pones algo de música suave en el iPhone – Dead Kennedys o similar – para no pensar.
  • 20:30 – Llegas a casa y el puto iPad tiene un bocadillo en el icono de Mail de más de 200 mensajes sin leer. “Cagoentó, se me pasó revisar mi email en el curre“. Haces un repaso rápido borrando sin piedad las decenas de avisos de redes sociales y spam vario.
  • 21:00 – Cenas algo (frío) y repasas a ver si hay algo en la tele. Tras comprobar que, salvo “The Walking Dead“, no hay nada relajante, te pones un ratito con tu Mac, que lo echabas de menos. Te llaman los colegas para salir un rato pero ¡ya estás en pijama!, así que ni de coña.
  • 21:30 – Abres Tweetdeck y te brea a mensajes de la cuenta del cliente – que por responsabilidad también has configurado en tu Mac – y, para adelantar trabajo, echas un “ratito” contestando menciones y comentarios.
  • 22:30 – Como no tienes sueño, mientras intentas ponerte al día con tus colegas en Tuenti, Facebook y Twitter, aprovechas para subir unos vídeos del cliente a YouTube, que la conexión de tu casa va mejor que la de la oficina, y así no perderás media mañana en eso al día siguiente.
  • 23:30 – Te acuerdas de que tienes un blog, llamado “Mi vida como community manager“, piensas en escribir algo pero como no se te ocurre nada que no sean insultos lo dejas para otro día, o el fin de semana. Te tomas un colacao para templar gaitas.
  • 24:00 – Con los ojos rojos como los de un endemoniado cierras el Mac, pones la tele y te quedas desmayado en el sillón viendo “Bones” o “NCIS”.
  • 07:00 – Suena el despertador y … vuelta a empezar

Como ves, ¡apasionante!.

¿Se parece tu vida como community manager a esta glamurosa ficción literaria?

Artículo escrito por Fernando Tellado

Enredado en UPyD, creador de Semanticae y culpable de Ayuda WordPress, político, docente y bloguero, entre otras cosas.

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