Le llaman estrategia política pero es algo más. Me refiero a los cambios de rumbo en las acusaciones de los partidos mayoritarios hacia Unión Progreso y Democracia, ese pequeño partido que ha pasado, de la más absoluta oscuridad en los medios a ser diariamente portada de los mismos que antes le negaban el pan y la sal.

No dejaba de sorprender a algunos activistas noveles de la poca o nula actividad del aparato de comunicación del contra este partido, pero era una estrategia calculada, basada en su creencia en que este pequeño partido era “otro de tantos”, que a la hora de la verdad no sería fiel con sus afirmaciones de no pactar con ningún partido que no estuviera dispuesto a cambiar la ley electoral o devolver la competencia de educación al estado, que no apoyaría listas con imputados y que, a falta de otra premisa, se abstendría para dejar que se cumpliera la ley y gobernara la lista más votada.

Pensaban que, al final, apoyarían a los candidatos del PSOE a cambio de alguna concejalía de gobierno o un mal entendido sentido del progresismo, para ellos “progresía“.

Al tiempo, las filas de la derecha eran quienes acusaban a UPyD de ser poco menos que “marca blanca del PSOE“, algo como una especie de submarino creado en la cocina de Ferraz para paliar la debacle socialista apadrinada por el desastre nacional llamado Zapatero.

Pero ¡ah amigos!, se llevaron a cabo las elecciones del día 22 de Mayo, y el batacazo socialista fue monumental, y junto a este castigo del electorado, surgió la marea magenta en forma de cientos de concejales electos y hasta una alcaldía con mayoría absoluta. Y las estrategias cambiaron.

De repente, el Partido Popular, aupado por su victoria electoral, con auténticos vuelcos en comunidades y ciudades históricas de voto socialista, cejó en su empeño en cuestionar a UPyD, y salvo en aquellas localidades en que el voto (o abstención) de Unión Progreso y Democracia era decisivo, buscaron nuevos culpables para sus problemas. Y digo, salvo en estas localidades porque ahí el ataque se recrudeció, exigiendo que UPyD tomara decisiones a su favor, acusando a este pequeño pero coherente partido de mantener al PSOE en el poder.

Y ahí no quedó todo. Al tiempo, las huestes socialistas, hooligans en algunos casos de la peor clase, debatidos entre la pataleta infantil y el bochorno más espantoso, han iniciado una maniobra de acoso y derribo contra UPyD, curiosamente acusando a este partido de ser – mira por donde – “marca blanca del PP“. Supongo que al lector avezado le va sonando la cantinela.

Estando, como están, a punto de perder plazas históricas, de cumplir el mandado ciudadano de que los gestores que han fracasado se vayan a su casa, en vez de aceptar la derrota y empezar a asumir errores y fabricar futuro, se están revolviendo como gato panza arriba, acusando a la coherencia de UPyD de sus males, perpetrados durante lustros.

Tanto unos como otros (PP y PSOE) no aceptan que UPyD exija la retirada de imputados de las candidaturas, tampoco son capaces de asimilar que, a falta de otros criterios antes explicados, UPyD acepte el mandado ciudadano y se abstenga para que vote la lista más votada, y por supuesto que no son capaces siquiera de asimilar, que UPyD no es marca blanca de nadie, sino patrimonio de muchos españoles que están hartos de sus formas de entender la política como una casta, alejada de las necesidades de los ciudadanos.

En UPyD, sus concejales y diputados electos, hemos decidido dar un paso adelante en la política activa para dar servicio a los ciudadanos, por tiempo limitado, exigiendo austeridad, rigor, transparencia y vuelta a los principios democráticos que los malos vicios de los partidos decimonónicos han ido acuñando durante décadas.

Quedan horas aún para las investiduras de alcaldes en cientos de localidades, y mientras el activismo de los partidos mayoritarios vean un atisbo de poder medrar en la voluntad de UPyD no cejarán en su empeño, pero el próximo Sábado 11 de Junio se hará brillar la democracia, el mandato de los votos, y UPyD será parte de este reto, siendo coherentes con sus principios, mal que les pese a algunos.

Entretanto aún nos quedan por leer algunos titulares, algunos rayando la ilegalidad, muestra de la debacle de unos políticos que hace mucho tiempo perdieron el sentido de estado, el contacto con la realidad y el respeto a la democracia ejercida por el voto de los ciudadanos. Unos tratarán de hacer ver que UPyD es algo que no es, otros procurarán pervertir el discurso, afirmando que dijimos cosas que nunca dijimos, o incluso pretendiendo dar a Unión Progreso y Democracia lecciones de como aplicar sus criterios.

Después del día 11 de Junio muchas cosas van a cambiar en este país, y dependerá de PP y PSOE que comience un cambio importante en la política de este país, pues solo si son capaces de reconocer sus errores, de participar en la regeneración democrática que UPyD va a estar exigiendo cada día, solo entonces podrán tener un futuro como partidos políticos, pues la exigencia ya está en la calle, y algunos partidos hace años que vienen avisando de que hace falta esa regeneración, y demostrando que es posible, con coherencia, con rigor, y vocación de servicio público, algo que lo políticos nunca debieron perder.

Unos y otros parecen haber decidido que UPyD es el enemigo a batir, sin darse cuenta que el enemigo lo tienen en su propia casa, en sus estructuras monolíticas, en las redes clientelares que han creado en décadas de gobierno sin alternativa, en su pérdida de contacto con la realidad y necesidades de los españoles.

Tienen poco tiempo para volver al juego democrático más exigente, y sino las urnas les volverán a dar una lección en las próximas elecciones generales.

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