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¿Amenazas de Internet? o simplemente niños jugando a ser famosos. No deja de ser curioso el hálito de frikismo que envuelve a las distintas tribus que pueblan la red para inmiscuirse en ella, aprender de ella o simplemente tratar de tener los consabidos “5 minutos de fama” que toda persona ansía o merece.

Se dice que la comunidad ‘hacker’ es una meritocracia. Sólo los más hábiles, los más ingeniosos y aquellos que están al día y no se duermen en los laureles merecen el título de ‘hacker’; y sólo otros (y nunca uno mismo) lo pueden otorgar. Por eso sólo hay dos clases de personas que los ‘hackers’ desprecian casi tanto como a los ‘crackers’, y esos son los ‘Bogus’ (farsantes) y los ‘Lamers‘, que son aquellos que pretenden ser ‘hackers’ sin serlo ni merecerlo.

En el lado contrario tenemos acepciones similares, al igual que los hooligans en el futbol, otorgando virtudes al propio y desmereciendo al ajeno.

No obstante, quizás impulsados por los méritos que les alude Richard Stallman, los hackers se han posicionado poco a poco como los niños buenos de la red, los que se divierten aprendiendo con sus intrusiones, pero sin ánimo de daño o lucro. Nada mas alejado de la realidad, todo hay que decirlo. Eso si, también cuando no son tan “prístinos” disponen de su propia acepción: Dark Hats.

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Por otra parte los crackers son vistos como los extremistas de la red, aquellos a los que no importa el daño que hagan, basando la importancia de su acción en el reflejo obtenido por parte de los medios, o simplemente la Webosfera.

Pero creo que corren malos tiempos para unos y otros. En estos tiempos abundan los Money Lamers (término que acuño porque si, porque yo lo valgo), también llamados Samurais , principiantes capaz de hacer cualquier cosa por dinero, ya sea bloquear una red con un ataque DDoS o entrando en una web mal protegida para robar contraseñas de usuarios y luego tratar de estafarlos.

La brecha digital y la diferencia económica entre el primer y el tercer mundo también afecta a estos habitantes de la red, provocando que los menos afortunados se busquen el dinero para pagarse un ordenador portátil a través de pequeños (o grandes) intrusiones o ataques a webs del primer mundo. Y el mismo entorno social, el penoso entramado judicial y político de esos mismos países ayuda a que queden impunes estos actos, a que parezca que no hay leyes en Internet.

Así que ya no hay sitio para hackers o crackers, todos son lamers (o Money Lamers) tratando de hacerse un hueco en nuestro corazón o en nuestras tripas.

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