Amor y Odio en la Red

Hace años que participo en Comunidades de Práctica (CoPs, a partir de ahora), y en estos años he experimentado como las relaciones personales se ven afectadas cuando se desarrollan en entornos conectados. Esto no significa que las personas cambien profundamente en el modo de relacionase en uno u otro ámbito, sino que el modo de reaccionar ante los cambios es tremendamente distinto. Confundir los distintos lenguajes a emplear, u ofrecer soluciones desconectadas a problemas generados online solo nos provocarán mas problemas de los que pretendemos evitar.

En una relación social al uso, si nos enfadamos con alguien se lo decimos, discutimos, nos insultamos y, la mayoría de las veces, se nos pasa y volvemos a lo nuestro. Pero en las CoPs hay variables que afectan a esta comunicación y que deben tenerse en cuenta antes de confundir lenguajes y pretender valorarlas del mismo modo a como lo haríamos IRL1.

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Lo mismo pasa cuando la emoción en cuestión es afectiva. No digo que no se puedan entablar buenas relaciones afectivas con personas conocidas a través de medios online, pero si se debe tener en cuenta que la visión que ofrecemos, lo pretendamos o no, de nosotros mismos en la Red no siempre está asociada con lo que los demás ven en nosotros, tanto en la CoP como cuando pasamos al siguiente nivel y nos conocemos IRL.

Por todo ello, me animaré a exponer una serie de principios que se repiten o axiomas, en las relaciones personales online:

  • Siempre ofrecemos lo mejor de nosotros mismos o, en otros casos, una personalidad alternativa con la que nos apetece jugar. En consecuencia, pretender conocer a una persona por su “aspecto” conectado es un error que solo nos llevará a la decepción, provocada muchas veces por las expectativas generadas. Y nunca mejoramos esas expectativas, habitualmente.
  • La desconfianza se convierte en entrega absoluta. Tras pasar el periodo inicial de recelo a “exponernos” en la Red, solemos pasar a una etapa de entrega absoluta, de confiar nuestros mas íntimos secretos amparados, o eso creemos, en un supuesto anonimato. No solemos caer en el detalle de que ese exceso de confianza nos llevará, tarde o temprano, a ofrecer datos mas personales (y menos anónimos), a mostrarnos como somos en reuniones de la comunidad, etcétera.
  • Las relaciones iniciadas en la Red acaban en la Red. Este es un fenómeno que he visto repetirse muchas veces. En ocasiones surgen “conexiones” entre personas en un entorno conectado que suelen refrendarse en ese mismo medio, a los ojos de todos. Aunque se extrapole esa relación a la vida real, cuando falla por algún motivo, hay la tendencia de publicitar ese mismo fracaso, haciendo catarsis pública de lo que empezó siendo asunto público.
  • Relación entrega-rechazo. Cuanto mas empeño e ilusión ponemos en nuestra relación o participación online, mayor será el rechazo hacia esa misma comunidad cuando se rompa “el hechizo”. Por este motivo, cuestiones que no abordaríamos IRL las vemos como obvias en la relación conectada. De esto hay muchos ejemplos: colaboradores que reclaman sus aportaciones aunque no tengan derechos de copia, personas que piden el borrado de datos personales ofrecidos voluntariamente, exigencias IRL sobre cuestiones online. A fin de cuentas no deja de ser una confusión de términos, realidades e incluso el mas mínimo criterio de coherencia. Me sigue pareciendo curioso como exigimos mas de lo que tenemos derecho, y como reclamamos al de enfrente mas de lo que postulamos en nuestra propia experiencia conectada.
  • La conversación se convierte en soflama. Este es uno de los fenómenos curiosos que me llaman la atención a menudo, sobre todo porque depende del estado de ánimo del interlocutor, y del que nadie escapa. La participación en una CoP suele ser un hecho voluntario y enriquecedor, donde se comparten experiencias, se aprende, se generan en ocasiones buenas relaciones profesionales y personales, en definitiva suele ser una colaboración positiva. Y mientras todo va sobre rosas, el modo de lenguaje es coloquial, comprensivo, incluso educativo. Ahora bien, ¡ah de ti si te metes en una discusión!. Llegado este punto se acabó la conversación, ya no hay charla ni intentos de acercamiento ni de aprendizaje. A partir de ese preciso momento convertimos nuestra expresión fluida en discursos elaborados, cerramos nuestros ojos a la comprensión y ofrecemos soflamas encendidas llenas de argumentos pero carentes de posibilidad de acercamiento.

Cualquiera de los fenómenos anteriores hacen que nuestro paso por una CoP nunca sea algo trivial, y a mas tiempo que pasemos en estos entornos mas cerca estamos de acabar incurriendo en alguno de estos errores. Con esto no quiero decir que no se pueda obtener una sinergia en este tipo de relaciones conectadas, sino que no hay que confundir entornos, que hay que conocer los distintos lenguajes y fenómenos de cada medio y, además, estar vigilantes a este tipo de verdades absolutas que se repiten cuando no se toma una posición vigilante para evitarlas o ser capaces de controlarlas.

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En cualquier caso, tal discurso como el que acabo de hacer no estaría completo sin ofrecer algún tipo de solución o buenas prácticas que ayuden al gestor de CoPs a manejar este tipo de situaciones. Esto puede ayudar:

  1. Evitar la difusión de datos personales “reales” en la comunidad salvo aceptación expresa del usuario. En cualquier caso, la protección de datos debe ser algo reflejado en las condiciones de uso de la CoP. En redes profesionales este tipo de restricciones no tienen lugar de ser pero en su defecto se deben estipular unas condiciones de uso de la comunidad que reflejen claramente la titularidad de los datos así como los plazos y procedimientos para la gestión y uso de los mismos. Por supuesto, cualquier reglamentación en este sentido deberá estar asociada a la legislación o legislaciones que afecten a los titulares de la Comunidad.
  2. Establecer relaciones con los colaboradores que no impliquen una continuidad permanente. Debido a la misma dinámica de la participación en este tipo de comunidad, y la habitual falta de compensación económica inherente, no se debe exigir una permanencia mas allá del punto donde el colaborador se sienta cómodo y participativo. Hay que saber abandonar cuando aún se mantiene la afinidad y el intercambio.
  3. Efectuar una moderación activa, aséptica y visible en la comunidad. El mismo hecho de la presencia de un equipo de moderadores, que solo ejerzan como tales, sin inmiscuirse en las conversaciones entre usuarios, debe bastar para evitar discusiones estériles e incluso enfrentamientos dialécticos que enturbien la relación entre esos mismos usuarios y, dicho sea de paso, la utilidad de la misma comunidad.

En esta ocasión he tratado este asunto desde un aspecto global, pero otro día hablaremos de las relaciones entre los colaboradores y como se ven afectados por estos y otros fenómenos, asunto harto interesante y del que tengo alguna opinión.

(Tuve el honor de que Miguel me publicara este artículo hace tiempo en emekaeme)

  1. Término utilizado en la original Usenet que abrevia la expresión inglesa “In Real Life”, o “En la vida real”, y así distinguirlo de la vida virtual desarrollada en la Red []

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