No soy socialista

Hace tiempo que Ana me viene animando a participar en su espacio como blogger invitado (que lo soy, blogger e invitado) y, aún a riesgo de soliviantar un poco a sus lectores, me he decidido a ello, exponiéndome a vosotros, y a vuestro buen criterio.

Y quería empezar esta participación ofreciendo una personal réplica a otro post invitado, ese en el que @Martuniki (que dicho de paso me cae genial) se declaraba socialista desde su más tierna infancia, ya que me sorprendió enormemente tal aseveración, aplaudida y refrendada por muchos de los lectores de En modo esponja, pero no por mi.

 ¿Te atreves a seguir leyendo?, pues aviso que es un ladrillo, si sigues animad@ haz clic aquí …

Y es que precisamente el título de este blog, En modo esponja, quizás me defina mucho mejor que cualquier etiqueta o sigla, y esperaba que a cualquier persona, pero parece que no siempre es así. Yo siempre he hablado, pensado y opinado basándome en – yo creía que – mi criterio personal, las enseñanzas que me ha ido dando la vida, lo que he leído, aprendido, soñado, sufrido y disfrutado, pero parece ser que en esta vida o eres a vida y muerte del Atleti o el Madrid, del PSOE o el PP, es que eres un chaquetero sin criterio.

Y (tengo que hacerme mirar esto de empezar todos los párrafos con “y … “) mira por donde yo creo que este tipo de filias de por vida son sintéticas, ajenas al enriquecimiento intelectual, moral y ético de las personas, aunque algo deseado y promocionado desde los partidos políticos, y los equipos de fútbol. Ambos, para perpetuar la necesidad de su existencia quizás, tratan de recordarnos a menudo lo distintos que somos unos de otros, pero no como identidades personales que todos somos, sino como blanco o negro, sin escalas de grises o colores, sin evolución ni matices.

Es posible que, si me conoces un poco, te digas “¿y como es entonces que, a tus años, vas y te afilias a un partido político?“. Buena pregunta. Pues porque soy un animal político, para qué voy a negarlo, entiendo la política como un servicio al ciudadano, a tu comunidad, quizás el mejor que se puede hacer y, harto de no ejercer esa política, decidí estudiar su historia y, buscar un espacio donde mi identidad, mi personalidad única – y seguramente rara para algunos – tuviera cabida.

Y aquí que, mira por donde, encuentro un escrito que viene a reflejar esa peculiaridad, ese respeto a la propia identidad. Vale, habla de muchas más cosas, pero también en este momento de mi vida ese manifiesto fundacional de UPyD reflejaba algunas de mis inquietudes políticas, no todas, porque sería imposible que mi personalidad se viera reflejada en su conjunto en programa o manifiesto político alguno, pero si en su esencia. Solo citaré un par de párrafos para que se me entienda a lo que me refiero …

Partimos de un supuesto revolucionario: que los ciudadanos no nacen siendo ya de izquierdas o de de derechas ni con el carnet de ningún partido en los pañales. Vamos aún más lejos, a riesgo de escandalizar a los timoratos:consideramos a los ciudadanos capaces de pensar por sí mismos y de elegir en consecuencia, de acuerdo con las ofertas de los partidos y su experiencia de la situación histórica que vivimos. Por tanto no creemos que nadie esté obligado a votar siempre lo mis- mo o a resignarse a las opciones políticas vigentes, cuando ya le han decepcionado anteriormente.

Ser considerados de izquierdas o derechas no nos parece el centro del problema, aunque nos apiadamos cordialmente de quien carece de mejores argumentos para descalificar al adversario. En realidad, ni la izquierda ni la derecha son ideas platónicas, invulnerables al paso del tiempo y a los cambios sociales.

Este concepto, por supuesto, entra en clara contraposición con el post invitado de @Martuniki, y quizás por ello mi sorpresa ante aquella declaración decertezas tan púberes.

Entonces ¿como he llegado a no ser socialista?, si es que esto es un pecado – entiendo que venial -, es más, ¿por qué UPyD?. A ver, haré reflexión acerca de mi vida …

Yo, al contrario que los socialistas (o peperos, o comunistas, o franquistas o lo que sea) de cuna, en la guardería aprendía a relacionarme con mis congéneres, a aprender lo que es compartir, respetar tiempos, hablar, hasta a distinguir un potito de una cucharada de tierra del patio. Y esto no es patrimonio de ningún partido político, es naturaleza humana, pura experimentación.

Más bien creo que las interpretaciones, y el proselitismo, es resultado de la educación que recibimos de personas – ahora si – con una inclinación política u otra. Las personas, salvo cuatro descerebrados que siempre hay, somos básicamente buenas, y respetamos el espacio vital del de enfrente, sin buscar explicaciones místicas ni ideológicas, es lo natural. Es la “explicación” que otros nos dan de las cosas que nos rodean lo que nos hace aplicarle etiquetas a esas cosas.

Tampoco soy anticlerical, aunque podría tener razones para ello según los “estándares”, porque respeto la opción de vida de los demás, sea la que sea. Me crié en colegios de curas, pero los “pecados” que vi en que incurrían, los atribuyo a la personalidad de cada uno, no a la institución, aunque en ocasiones – como todas las instituciones humanas – estas taparan acciones contra sus propias reglas. Y si, la institución en sí necesita renovación y vuelta a sus principios, pero de eso no se libra ninguna institución, todas se pervierten con el tiempo y la mala gestión ¿seguimos y nos ponemos con los partidos políticos?, casi mejor otro día ¿no?.

Lo que si soy es ateo, porque no he querido creer nunca en que haya una personalidad superior a la de cada uno, una voluntad que anule la propia, una deidad que rija nuestros destinos, algo que he comprobado que forjamos cada uno de nosotros, a base de éxitos y fracasos.

Y, como ya he anunciado, no soy socialista, pero como no soy franquista, ni fascista, ni comunista, ni jacobino, ni carlista, ni anarquista, ni del Atleti ni del Madrid, ni siquiera soy upydero (si es que esto existe ya) o “Rosista. Muchas veces que me han hecho preguntas de este tipo he respondido que soy de quien me respeta, de quien me quiere como soy, con mis virtudes y con mis imperfecciones.

Y es que (dale con los “y …”) no soy, por naturaleza, mitómano, precisamente por mi carácter ateo, por considerar que ninguna persona está por encima de otra por su etiqueta. Considero que hay personas mejores y peores, personas que tienen éxito y otras que fracasan, que hay diferencias … y matices entre cada uno. Ahora bien ¿como engarzar esta personalidad tan apabullante mía en la estructura de un partido político?, pues hasta ahora gracias a que – a pesar de que unos pocos reclamen su “que hay de lo mío” – en mi experiencia en UPyD me permite ese espacio de libertad necesario para que pueda aportar lo que yo considero como servicio al ciudadano, a mi pueblo, a “este país” (¡ah si, España!).

Precisamente por mis fuertes convicciones y personalismo no soy un afiliado de “toma bandera y clama” sino que trato de sumar, aportar, cuestionar, mejorar, y a día de hoy esto es posible en el partido en el que estoy. Otra cosa que he encontrado en UPyD es que aglutina inquietudes que, aunque unos llamen de izquierdas o derechas, están acuñadas en cualquier persona, si se abstrae de toda etiqueta, que hasta que nombras tal o cual personaje político, hasta que nombras unas siglas, casi todo con el que hables aceptaría como suyas … con los matices lógicos.

Porque, amig@s, las siglas, las afiliaciones, nos encorsetan, nos diferencian, incluso nos separan de los demás, de nuestros vecinos, básicamente porque hay unas instituciones que viven de esas diferencias, y de que sean lo más palpables posibles, sobre todo cuando se acercan elecciones. Y es que soy un fiel convencido de que hay más cosas que nos unen que las que nos separan, y por ello deberíamos luchar, aunque vaya en contra de la tan cacareada “alternancia política” (NdT: bipartidismo se le llama en nuestro país). Afortunadamente, el partido en el que estoy afiliado tienen un par de cualidades que le hacen adecuado a mi modo de ver las cosas: instrumental y alternativo.

Bueno, no quiero alargar más el ladrillo, solo matizar, que mi filia temporal y no regalada a un partido político, solo supone el que considero el mejor modo de hacer servicio a la sociedad mediante el ejercicio de la política, que considero loable bajo estos principios, y apoyándome en mi criterio personal y decisión de que a día de hoy es el único en el que no comprometo mi identidad única y diferenciada.

Ahora, por supuesto, es vuestro turno, que en el mío ya me he extendido bastante. Sobre todo, gracias a Ana por invitarme a participar en su blog, un raro placer, máxime cuando no suelo escribir sobre política, prefiero practicarla.

Post publicado inicialmente como blogger invitado en el blog de Ana AldeaEn modo esponja, que reproduzco aquí con su título original …

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