Algo así podría definir este increíble artículo, lleno de sabiduría popular, conocimiento empresarial y peculiar sentido del humor que leí hace unos días en el Blog de Miguel Cornejo y cito aquí para difundirlo como se merece.

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– En primer lugar, se trataría de un CBO (Currito Buy Out). Una variedad de MBO sólo accesible a mandos intermedios y otras especies poco privilegiadas. Se financiaría con deuda, claro: estamos buscando al incauto que se deje la próxima American Expréss Centurion en el restaurante para iniciar la operación. Pero por supuesto, se prevé eliminar la carga financiera tan pronto como sea posible: se ofrecerá a los empleados la posibilidad de contribuir a un fondo de inversión creado al efecto. Dejaremos que piensen que tiene algo que ver con la probabilidad de despido (y será cierto: servirá para financiarlos). Una vez adecuada la plantilla, la empresa se convertirá en cooperativa.

– En segundo lugar, es una operación simplificadora. Se venderían (al peso si es posible) o liquidarían las filiales de habla no hispana, incluyendo aquellas en las que dicha habla resulte dificultada por regulaciones externas.

– Para ejecutar el plan, hace falta un liderazgo serio y esclarecido. Por éso hemos designado presidente in péctore a la persona de frente más despejada del grupo. Además, es el que hace las propuestas más explosivas y el espectáculo hay que agradecerlo.

– El plan parte de una radical reorganización de los recursos. Por ejemplo, las funciones comercial y de gestión del cliente serían objeto de una reforma directa:

  • Los comerciales que no hayan conseguido un cliente nuevo en el año en curso, a la puta calle (*).
  • Los gestores de cliente que no consigan un proyecto nuevo en sus clientes cada dos meses, a la puta calle (*). Antes, permitiremos que el miembro del equipo que está en esa función vuelva a la producción.
  • En caso de duda, a la puta calle (*).
  • Para asegurar que no paran en la empresa sino que se dedican a lo que deben, se les retira a todos la plaza de garaje. Se les deja pasar por la oficina los viernes media hora para informar.
  • Para transmitir a los clientes la apropiada imagen de servicio y satisfacción, los “gestores de clientes” pasan a llamarse “Departamento de Lenocinio” y se les dota de vehículo con taxímetro. A los comerciales les dejamos que se sigan llamando así mientras vendan.

– El departamento de “Recursos Humanos” recibirá un tratamiento selectivo, pero en su inmensa mayoría irá a la calle (*) por entender que no se percibe relación entre su trabajo y la productividad de la empresa (salvo en el aspecto negativo: pérdidas de tiempo constantes). En el departamento refundado se incorporan criterios serios de mejora del ambiente laboral, especialmente estéticos, así como un programa de headhunting más enfocado a las necesidades de la empresa y el mercado.

– El departamento de “Physical Things” se vendería (al peso o como sea), probablemente a la antigua matriz, por entender que su cultura corporativa no tiene nada que ver con la necesaria. Como nos caen bien les ofreceremos su propio CBO.

– El departamento de “Production” abandona el inglés (como toda la empresa, a excepción de dos personas del nuevo departamento de Relaciones Internacionales) y pasa a llamarse “Departamento de Entregas“. Su función principal pasa a ser la entrega de proyectos terminados. Y cambia también:

  • Con excepción de los segmentos de mayor valor añadido, se sustituye toda la función de desarrollo por subcontratación en la India (coordinada por el departamento de Relaciones Internacionales, dos personas), con lo que mejoraremos en calidad y tiempos.
  • Se eliminan los puestos de trabajo no productivos (capas de supervisión y coordinación redundantes, así como personas de efectividad dudosa y/o estética ofensiva), ya sea por despido o por reciclaje (*).
  • Estimamos que eso, junto al resto de ajustes, reducirá la plantilla en un 66% sin pérdida real de productividad.
  • Se recupera la figura de los “gerentes” que asumen la función comercial principal y la gestión de los clientes.
  • Se fomenta el teletrabajo extremo: el que ocupe espacio sin una buena justificación, estará obligado a jugar al paddle en el tejado con el vicepresidente de Lenocinio (en caso de cualificación estética suficiente) a la luz de las velas, o a abandonar la empresa (*) en caso de falta de la misma.

– Todo éso abre la posibilidad de una mejor gestión de los activos de la empresa:

  • Alquiler a terceros de las plazas de garaje (para éso estamos en un polígono con pisos alrededor: tiene que haber demanda).
  • Alquiler a terceros de las tres plantas vacías de la sede principal.
  • Alquiler a personas con infradotación documental de los servicios de señoras del edificio, en calidad de subvivienda.
  • Instalación en el ático del edificio de un complejo deportivo con pistas de squash y paddle, y venta de plazas de socio a los vecinos de la localidad que quieran esquivar el parque público y sus bandas.
  • Reciclaje de despachos inútiles en salas de relajación y masaje (la posibilidad de proveer servicios al público está en consideración).
  • Creación de un restaurante de empresa, con precios sensatos y licenciado (cobrando, claro) a un proveedor local reconocido.
  • Se cerrarán los ascensores. Una vez alquilados los pisos, claro. La empresa continuará su actividad en la planta baja.

El plan sigue evolucionando y es cada vez más sensato y políticamente incorrecto. Según me cuenten, iremos informando :).

(* = Teniendo un restaurante en la empresa y existiendo congeladores, se estima un desperdicio recurrir al despido. Salvo en casos auténticamente tóxicos, claro.)

(Fuente: eme ká eme)

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