¿Eres periodista?

Es lo que me espetan algunos interlocutores cuando me preguntan por mi blog y su temática. El mismo nombre de Ciberprensa parece arremeter contra alguna ley no escrita que aboca el uso de tales sustantivos solo dentro de un entorno protegido por periodistas de título y sangre. Y claro, cuando les digo que en mi blog se escribe principalmente sobre periodismo, los nuevos medios y su evolución en la red me sueltan eso de “¡Ah! ¿eres periodista?“.

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Y se quedan sin saber que decir cuando les digo que no, que soy consumidor de periodismo y por ello me siento capacitado moral e intelectualmente a escribir sobre los productos que se me ofrecen y sobre una actividad que, en mi opinión, no está limitada al ejercicio de una profesión, del mismo modo que para escribir un libro no es necesario tener una licenciatura en Filología.

Cuando el otro día hablaba acerca del círculo vicioso, u onanismo mediático, en el que parecía abocarnos el periodismo o algunos medios, también defendía la posibilidad del ajeno a opinar sobre su diletancia en alguna disciplina. Pero es que en el periodismo, parece que esa misma autoprotección que busca, les incita a renegar de permitir a otros opinar sobre lo que ellos hacen, cuando son los periodistas los opinadores profesionalizados sobre cualquier aspecto de la vida. Como si el ciudadano no pudiera expresar sus puntos de vista sobre lo que se le ofrece cada día.

Parece que podemos, y no siempre, dar nuestra visión sobre cualquier aspecto de la realidad, pero ¡Ah, amigo! no toques la opinión del opinador, no cuestiones su infalibilidad, ni siquiera sus modos de expresión. ¡Pero si hasta está mal visto que los periodistas se critiquen entre ellos! entonces, ¿que puedes esperar cuando te atreves a, no solo opinar, sino incluso cuestionar su profesión?. Pero no, no cuestiono la profesión de periodista, digna de elogio cuando se ejerce dignamente, sino los malos usos de la misma, el elitismo de que se adorna en ocasiones, la autosuficiencia que se arroga para si misma.

Este poder real de nuestra sociedad, parece estar a punto de obtener la cuadratura del círculo, de conseguir que pueda opinar de todo pero nadie pueda cuestionar su poder o su, cuestionable, opinión.

Luego está el asunto del intrusismo profesional de los blogueros, de la falta de rigor y no se cuantos mas pecados se nos acusa. Y yo pienso que cual es la diferencia entre un periodista que escribe la edición digital de un diario y un servidor, y no me refiero expresamente a este blog que es un medio mas de expresión y opinión, sino a, por ejemplo, mi tarea como redactor de noticias de tecnología en Incubaweb 2.0., Macuarium u otros medios en los que escribo.

  • El periodista “de carné” recibe la información de las agencias o la busca en la red, la redacta y la pasa a redacción para su publicación (o no). Pues yo hago lo mismo, con la diferencia de que a mi las agencias no me pasan nada porque no soy periodista “de carné”.
  • El periodista “de carné” está sujeto a una línea editorial que marca que noticias deben salir en la sección. Yo también.
  • El periodista “de carné” debe mantener unas mínimas liturgias de estilo en cuanto a conseguir la atención del lector. Yo también, con la diferencia de que las he tenido que aprender por mi cuenta en vez de en la Facultad.
  • El periodista “de carné” debe ser responsable y tratar de comprobar la veracidad de sus fuentes (que no se suele hacer la mayoría de las veces) antes de publicar. Yo también, pues solo cambian las fuentes. El “de carné” se alimenta de reporteros de la casa, de informaciones de agencias mientras que yo utilizo fuentes de periodismo ciudadano como lo feeds RSS, sets de Flickr o noticias recogidas por ciudadanos de primera mano, aunque no profesionales del periodismo, curiosamente a veces los mismos a los que preguntan los periodistas “de carné”.
  • El periodista “de carné” cobra un sueldo por su labor. Vaya, aquí hay diferencias casi siempre.

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No discuto que hay conocimientos intrínsecos a cada profesión que son importantísimos para un enriquecimiento y buen desarrollo de la misma, pero no puedo defender la defensa a ultranza del periodismo “de carné”, muchas veces ejercida por otros que tampoco lo son y de los que están cada vez mas llenas las redacciones de los diarios y los platós de televisión.

Pero tampoco es esa la cuestión, sino la sorpresa que parece que les supone sentirse observados, incluso analizados públicamente por aquellos a quienes dirigen sus productos, a quienes adoctrinan en ocasiones. Por supuesto, hay muchas y honrosas excepciones, y cada vez mas, que están mejorando esa hermosa profesión con el aprendizaje mutuo, con la experimentación de nuevas formas de expresión, con la comunicación en doble dirección, y son ellos, esos nuevos periodistas, los que heredarán esta disciplina siempre que no terminen incurriendo en los errores del pasado.

En cualquier caso, aquí siempre tendremos una voz crítica para hablar de ello.

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