Dejando aparte cuestiones semánticas entre “bautismo civil” o “ceremonia civil de otorgamiento de carta de ciudadanía“, me parece una soberana memez el hecho de que los laicos (yo soy ateo) adopten e imiten los ritos y boato que tanto han criticado durante tiempo a los creyentes y seguidores de la religión católica.

A este paso pronto tendremos “comuniones civiles“, “confirmaciones civiles” y, quien sabe, incluso “misas civiles” en las que se ilustre a los acólitos acerca de los bienes de la ciudadanía, lo que no le vendría mal a más de uno.

bautizo civil

Lo que me parece una soberana gilipollez de este asunto es precisamente ese gusto por el gasto superfluo, por la exposición pública de actos privados, por la socialización de las ideas, en este caso claramente con una intención política. No se nos puede olvidar que fue el Ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid, si el mismo que creó el primer registro de apóstatas, el que inició esta pantomima civil de un acto cultural e históricamente religioso. Por supuesto, para darle carta de naturaleza en Madrid, en el primer engendro de este tipo que se ha celebrado en esta ciudad la ceremonia la ofició Zerolo, y el agasajado fue el hijo de Cayetana Guillén Cuervo, una de las de la “ceja”, de las apesebradas del PSOE.

Y no me parece mal que los artistas apoyen a quien quieran, lo que me parece una idiotez es que lo hagan con estos actos simbólicos, de ridiculización de las tradiciones, con la aparente firme intención de anular cualquier atisbo de todo lo que para la gente de este país significa algo, lo que parece su intención única, su obsesión por crear una nueva sociedad que no la reconozca ni su padre.

Vuelvo a recalcar: soy ateo, pero creo que los políticos y sus acólitos están para algo más que para ocuparse de crear una nueva sociedad cuando la actual cojea, cuando necesita una intervención urgente que la saque de la crisis económica, y no para emplear recursos mediáticos y económicos en publicitar su desdén por las tradiciones, por muy ridículas que nos parezcan. Lo que no se dan cuenta es que al final los ridículos son ellos mismos, imitando aquello que critican.

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