Los políticos son personas ¿o no?

dualidad

Me resulta curiosa una situación que he aprendido en la política, y es el aparente hecho de que cuando una persona se dedica a la política, automáticamente deja de ser persona para muchos de los que le rodean.

Es especialmente extraña, y molesta, esta situación, pues precisamente si esta persona que les escribe decidió dedicarse a la política, tras 47 años dedicándose a ser persona, fue para sentirse una persona más útil, más honesta, y sobre todo coherente con sus inquietudes de mejorar la sociedad que le rodea, en vez de solo quejarse, o sea, más y  mejor persona.

Pero resulta que esta persona, que se presentó para ser elegible cómo servidor público, desde la política, y tuvo la suerte de ser elegido por miles de ciudadanos, ha dejado de ser persona para ser – simplemente – político, en el sentido más peyorativo que pueda usted imaginar.

Y me revelo contra ello, pues la dedicación política de esta persona que le escribe no es vitalicia, por varios motivos. Por un lado está la limitación de mandatos que los afiliados de UPyD nos hemos dado, y por otra la voluntad de esta persona que les escribe de que, una vez sienta que  ha aportado su granito de arena a mejorar la sociedad, volverá a su vida, esa en la que ha estado ocupado la inmensa mayoría de su vida como persona.

Esta persona, precisamente, quiso entrar en política para que los políticos caducos volvieran a ser personas sirviendo a personas, y no castas que conceden graciosas dádivas a los súbditos, y esta persona, desde que tuvo el honor de ser elegido para esta santa misión, tan necesaria, ha seguido ejerciendo de persona, algo comprobable, dicho sea de paso, simplemente preguntando a todo aquel con el que tiene contacto a diario, incluso con aquellos que no conocían su pasado como persona.

Pero no, resulta que cuando una persona ejerce cómo político sus opiniones no son suyas sino que pertenecen al partido por el que se han presentado, seguramente porque así ha sido siempre, auspiciado por la rigidez de las listas cerradas y bloqueadas, alimentado por la fidelidad obligada a la organización que te pone y quita, especialmente si le concedes la capacidad de hacerlo, dejando de ser, en ese preciso momento, persona.

Y no, esta persona eligió unirse a un partido político para ejercer cómo servidor público, y del mismo modo el día que decida cambiar de vida, volver a ser persona, elegirá volver a su vida, de persona, padre, hijo, vecino, que nunca creyó dejar pero algunos decidieron que nunca había sido.

Esto ha llegado a tal índice de demencia que vecinos, incluso amigos, de esta persona filtran todo lo que dice por el partido por el que se presentó, sin caer en el pequeño detalle de que esta persona ya pensaba y opinaba así antes de saber siquiera que existía un partido político al que unirse, incluso antes de plantearse ni de lejos ofrecerse para dedicarse a la política.

Pero eso da igual, nadie pregunta a la persona, porque asumen que les contestará el político, y si les responde no asumirán que les contesta la persona sino el político. Si esta persona dice lo que piensa se le reprochará, o ser “políticamente incorrecto” si la respuesta se sale del guión, o políticamente político, si la respuesta es la esperada por el interlocutor. Vamos, que esta persona ya no es persona, solo un “droide” abducido por esos entes del lado oscuro de la fuerza en que se han convertido los partidos políticos.

Para no aburrirle, termino esta reflexión, no sea que también haya dejado de ser bloguero, además de persona, desde que decidí querer ayudar desde el ejercicio, digno cuando se hace con ilusión, honradez y responsabilidad, de la política.

politico honrado

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