agenda

Hay algo que en realidad aún no tengo muy claro si es de esas cosas que he aprendido en la política, pero que casi lo voy entendiendo, y de momento cumpliendo. Me refiero a la representación política en actos públicos.

La representación en actos públicos de todo tipo, tarea que se le supone al político, y que conlleva mucho más tiempo – normalmente en fines de semana – del que nadie se imagina, máxime si se va a todos a los que es convocado, es parte indisoluble de la actividad política, y algo con lo que no contaba antes de decidir dedicarme temporalmente a la política.

Es una actividad en ocasiones intensa, pues comprende varios ámbitos como por ejemplo …

  • Eventos deportivos
  • Reuniones con representantes de sociedad civil
  • Actos sindicales
  • Manifestaciones
  • Visitas institucionales
  • Eventos de casas regionales
  • Eventos de peñas
  • Actos institucionales conmemorativos
  • Eventos de asociaciones
  • Actos en festividades locales de todo tipo

Inocente de mi, una vez pregunté a un compañero de UPyD, que durante años ha pertenecido a una asociación, si realmente aportaba algo la asistencia de los políticos de turno a un acto, por ejemplo, deportivo, y me dijo que si, que se sentían apoyados, especialmente cuando la representación es amplia, no solo por parte del que le toca gobernar, que prácticamente va como si tuviera obligación contractual.

Mi pregunta, que yo pensaba razonable, venía derivada por mis dudas acerca del valor real que tiene que en un acto del tipo que sea haya una fila de concejales o diputados, en realidad sin hacer nada más que estar ahí, simplemente haciendo bulto … institucional, eso si. Y parece que por su respuesta el “bulto” aporta valor, así que lo tomé como un buen consejo.

Además, estaba la opinión de otro buen amigo, con la que siempre he coincidido, que me anima siempre a asistir a cualquier oportunidad de conocer a personas que tengan algo de representación civil o social, por el enriquecimiento que supone para uno mismo y su partido, además de para conocer mejor las inquietudes, necesidades y expectativas de todo grupo humano de la sociedad a la que representas.

Y esos buenos consejos los he estado llevando a cabo de manera constante, como tarea obligada, intentando acudir a cuanto acto o evento se me ha invitado institucionalmente, visto que parece que para el que invita es importante contar con ese “apoyo” institucional.

representacion institucional

Pero hasta hace poco pecaba” de no asistir a un tipo especial de eventos, los de las entidades religiosas, porque siendo yo ateo no consideraba ético asistir a una misa , por ejemplo, por muy patrón que fuera de la ciudad o en homenaje religioso a alguien.

Y digo “pecaba“, nunca mejor dicho, porque hace poco que he decidido asistir también a este tipo de actos, siempre que me inviten, pues tenía mis dudas de si estaba haciendo mal en no asistir, pues suelo procurar asistir a todo lo que se “nos” invite institucionalmente, por entender precisamente que es eso, invitación institucional, no personal, pues a quien se invita es al portavoz o representante de  una formación política elegida por los ciudadanos.

No obstante, al no ser yo una persona religiosa en el sentido habitual de practicante de una confesión concreta, siempre sentía esa pequeña desazón personal de evitar hacer “paripé” en un acto litúrgico, y por eso no asistía, porque me parecía en cierto modo un engaño. No es que fuera a simular rezar, que no lo hago, sino que me sentía en el fondo como si estuviera mintiendo, pues alguien podría pensar que comulgaba con esa confesión concreta, y ya digo que no lo hago con ninguna en particular.

Pero la confirmación definitiva de que debía asistir también a estos actos me vino de la mano de una compañera, que me hizo una serie de preguntas, ante mi negativa, en las que yo mismo me di cuenta de la incongruencia aparente en la que estaba incurriendo. Eran preguntas cómo “¿entonces por qué vas a reuniones de tal peña si no eres socio, o asistes a eventos de tal casa regional sin ser de esa región?“.

En fin, que me reafirmó en mi convicción de que en realidad a quien invitan no es a la persona, a Fernando, sino al representante de una formación política, y por extensión también representante de los ciudadanos. Y da igual cuales sean mis convicciones personales, pues en realidad en los actos institucionales no me represento a mi mismo, pues seguro que no me invitarían a la mayoría por mi cara bonita, sino que soy invitado y voy como representante público , que lo soy durante el mandato ciudadano por el que me han elegido los ciudadanos.

Y es esta visión de que en realidad no me invitan a mi, a Fernando, sino al “representante de, es lo que me ha hecho ver que si se asume la representación pública hay que ir a todo, no solo a lo que a uno le guste o vaya con su persona, ya que al ser político en el fondo dejas de ser persona … un poco.

procesion villalba

Sigo teniendo mis dudas en este asunto concreto de la representación en actos religiosos, no creas, y no solo por ser ateo sino porque soy firme defensor de la laicidad del estado (actualmente aconfesional), pues tengo muy grabadas las imágenes no tan lejanas en el tiempo de cuando la separación entre Iglesia y Estado no existía sino todo lo contrario.

Y es por ello que me sigue chirriando que un alcalde “tenga que ir en cabecera de una procesión católica“, por ejemplo, pues no tengo tan claro que aceptaría ese mismo alcalde de buen grado si quien invitara fuera otra confesión – algo que yo si haría por todo lo explicado antes – así que me ayudará tu opinión al respecto, en serio.

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